carta fundadores

Somos padres de cinco hijos. Como en todas las familias, cada uno con distintos matices y circunstancias. De los cinco uno inexplicablemente, se nos fue hace tres años y otro inexplicablemente también, sigue con nosotros. Pronto aprendimos que no existen estadísticas, ni porcentajes, sólo tu hijo.

Jaime, el mediano, que nació y fue un niño totalmente sano, a los ocho años enfermó con una Leucemia, en principio curable y con muy buen pronóstico. Pero a los tres meses, mutó en una Leucemia Refractaria y seis meses más tarde, Jaime se fue al Cielo.

El pequeño nació tras un parto complicado y con un déficit, que le enfermó gravemente el hígado. Sólo un trasplante podía salvarle la vida. No uno, sino tres trasplantes, un tumor, infinidad de complicaciones, una veintena de operaciones y un control hospitalario tan exhaustivo, que apenas le permitían estar fuera del hospital; fueron necesarios para que Pablo saliera adelante. Hoy está curado, es un niño feliz y absolutamente extraordinario.

La experiencia de todos estos años es la que nos ha movido, de la mano de familiares, amigos y médicos, a poner en marcha esta fundación, que lleva el nombre de nuestro hijo Jaime. Su objetivo no es otro que ayudar a otros niños con problemas, a poder tener, a pesar de los pesares, una infancia feliz, al menos tan feliz como la tuvo Jaime y la tienen el resto de sus hermanos.

Jesús Alonso Villarón
Patricia Abruña Ripollés